Jueves, 17 Agosto del 2017
   
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Centro Esperanza y sus 6 caballos de sanación

Andrea Biondi dirige un centro en Tacna que desde el 2011 ha ayudado a decenas de personas a través de terapias con caballos.

Cuando Jesús Moisés Carrillo tenía 4 años de edad, fue diagnosticado con retraso orgánico del lenguaje y ecolalia, una perturbación del lenguaje en la que el sujeto repite involuntariamente una palabra o frase que acaba de pronunciar otra persona en su presencia.

En la familia Mamani, Natalia, la más joven de tres hijas, también presentaba síntomas que desconcertaban constantemente a sus padres y sus hermanas. A sus 23 años, ella no era una joven como cualquiera de esa edad, era extremadamente dependiente, insegura y hasta temerosa de subir y bajar escaleras.

Así como la madre de Jesús, Felicitas Chavarría, quedó desolada y desorientada con el diagnóstico de su hijo, los padres de Natalia, Hermógenes y Leo, también vivían desconcertados y paralizados con su situación. Pero algo que ambas familias tenían en común eran las ganas de hallar una solución y, posteriormente, una terapia que haría magia con sus hijos.

Centro Esperanza y sus 6 caballos de sanación

Poder animal

En el 2011, Andrea Biondi decidió expandir los programas sociales que ya venía ofreciendo desde 1992 a los menos favorecidos en la ciudad de Tacna con la asociación no lucrativa Hábitat Tacna Siglo XXI.

Como profesora de educación especial, esta especialista en autismo y cursos de terapia de lenguaje decidió abrir un centro enfocado en ayudar a niños y adolescentes con capacidades diferentes y con problemas de adaptación o conducta. Solo que a diferencia de otros centros, ella optó por incluir una herramienta muy particular: los caballos.

Fue así que fundó el Centro de Equinoterapia Esperanza. Aquí se trata desde retraso psicomotor, parálisis cerebral y Síndrome de Down hasta hiperactividad, enfermedades psicosomáticas y problemas de atención, entre otras condiciones.

Hubo una organización que creyó en el proyecto y empezaron trabajando con caballos prestados de la policía y el ejército peruano.

“Lo malo fue que frecuentemente nos cancelaban sesiones por motivos de redadas o porque los caballos estaban ocupados en otras actividades”, comenta Andrea.

Otro inconveniente que encontró fue el escepticismo de algunas personas respecto a los resultados de estas terapias.

“Todo estaba bien con los padres de familia que veían resultados en sus hijos, las personas familiarizadas con los caballos también nos apoyaban, pero sí tuvimos, y seguimos teniendo, gente y doctores que no recomiendan esto. Es por eso que nos hemos capacitado mucho. Yo he viajado a Argentina a estudiar un curso… es un país donde la asistencia social receta y paga la equinoterapia”, explica Biondi.

Este centro cuenta con seis caballos aptos para servir de instrumento durante las terapias. Avellanna y Ratatoulli fueron comprados al Club del Pony en Lima a una joven francesa que debió regresar a su país y que al enterarse del trabajo de Biondi, no dudó en ceder a sus animales. Shaya y Mantequilla son madre e hija, y fueron compradas al bosque municipal donde las tenían inactivas. Quimera es la yegua más joven y fue comprada en Sama, un valle de Tacna.

La única que no fue comprada es Samenita. Ella fue donada y llegó al centro con claros signos de maltrato y desnutrición. Actualmente, está en recuperación y se espera que pronto pueda unirse al equipo de trabajo.

“Todos tienen un carácter diferente”, dice Biondi. “Para equinoterapia se necesitan caballos dóciles y de una alzada mediana baja. Necesitan una preparación especial para el trabajo con materiales, para que no se asusten. Deben de tener carácter manso e, idealmente, ser mayores de 8 años de edad. Además, la mayoría son yeguas. Los caballos deben ser capados pues sino son muy briosos para las terapias. En cuanto a los cuidados, es igual que con cualquier caballo: despalme, desparasitación, agua y buena comida, ambientes adecuados y veterinario”, explica.

EL DATO

Equinoterapia: una modalidad de tratamiento bio-psico-social que aprovecha los movimientos naturales del caballo para estimular a quienes montan, todo dentro de un abordaje multidisciplinario donde participan profesionales de las áreas de la salud, educación (psico-educación) y equitación. Con ellos se busca mejoras físicas, a nivel cognitivo, de comunicación y personalidad gracias al vínculo constante con el animal. Para ellos se  aprovechan los principios terapéuticos del caballo como la transmisión del calor corporal, la de impulsos rítmicos y el movimiento tridimensional.

Fuente: http://elcomercio.pe/

 

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